El Fontán es uno de los espacios más típicos de la ciudad,
alrededor del cual se estableció, hace centurias, el primer núcleo
comercial situado extramuros. La plaza y comercio
que en torno a ella se ha mantenido, con importantes variaciones,
ha sido uno de los escenarios urbanos de Oviedo que más veces se ha pintado
o fotografiado, reforzando el cuño de su tipismo. Actualmente, en torno a ella e invadiendo la contigua plaza de Daoíz
y Velarde, su prolongación natural, tiene lugar un animado mercadillo, sobre todo, los jueves, sábados y domingos.
Adscrita a una tipología arquitectónica popular, esta plaza porticada
es una de las piezas más conocidas y emblemáticas del
patrimonio urbano de Oviedo. El nombre proviene del «fontán» o manantial que formaba
la charca que hubo en el solar hundido en el que se edificó el popular
barrio del mismo nombre. La plaza, fuente de inspiración para escritores y artistas, es
fruto de la Ilustración, nacida a finales del siglo XVIII de los planos del arquitecto municipal Francisco Pruneda y Cañal que la concibe como un espacio rectangular abierto
por cuatro pasajes con cuarenta tiendas ( casillas ), de planta y piso,recorridas
en su perímetro interior y externo por un pórtico de columnas. Los desvanes de aquellas tiendas
se convirtieron después en viviendas y los edificios sufrieron paulatinas
variaciones, con modificaciones importantes sobre todo a mediados del siglo
XIX.
El frente occidental de la plaza, constituido por casas soportaladas se llamó Arco de los Zapatos, bajo el cual se vendían hasta no hace mucho zapatos y «madreñes». Por el sur, el resto de la explanada del Fontán en la que fue construida la plaza se denomina desde 1814 plaza de Daoíz y Velarde.El novelista ovetense Ramón Pérez de Ayala, describió, magistralmente, en su novela «Tigre Juan» el Fontán, uno de los escenarios urbanos que más veces se ha pintado o fotografiado, reforzando el cuño de su tipismo.
Cuenta este espacio con una plaza de abastos o mercado cubierto cuya actividad se desarrolla en la plaza 19 de Octubre, entre las calles Fontán y Fierro, en el lugar que ocupaba el antiguo colegio jesuítico de San Matías, contiguo a la actual iglesia de San Isidoro. Es obra del arquitecto decimonónico Javier Aguirre, está incluido en el catálogo de edificios protegidos del Ayuntamiento de Oviedo y está considerado como uno de los mejores ejemplos de los mercados de la arquitectura del hierro construidos en Asturias. Rehabilitado en 1994, en la actualidad sigue funcionando como espacio tradicional de venta de todo tipo de productos alimenticios.

